lunes, 23 de mayo de 2011

LA NEUROSIS OBSESIVA en la obra de FREUD




LA NEUROSIS OBSESIVA en la obra de FREUD


Darío Obstfeld


Instituto de Docencia e Investigación
Fundación Luis Chiozza




Bs. As. , 8 de Enero de 1997




1- INTRODUCCIÓN

2- UBICACIÓN NOSOGRÁFICA

3- EVOLUCIÓN DE LA TEORÍA ETIOLÓGICA
a- Teoría traumática (teoría de la pasividad - actividad)
b- Preconcepción de una segunda teoría etiológica. Teoría cronológica.
c- Un vuelco en la teoría traumática. El infantilismos de la sexualidad
1- Cambios en la noción de fantasía.
2- Cambios en la noción de sexualidad.
a) Pulsiones parciales y pregenitalidad. Fijación y Regresión.
b) Pulsiones yoicas y libidinales

4- SÍNTOMAS OBSESIVOS
A) Primera etapa
- Tres períodos
I- Período de “inmoralidad infantil”
II- Período de maduración sexual.
III- Período de enfermedad
-Tres tipos de síntomas
I- Síntomas de la defensa primaria (del retorno delo reprimido)
II- Síntomas de la defensa secundaria.
III- Actos obsesivos.
B) Segunda etapa.
-Ceremoniales , acciones obsesivas, prohibiciones e impedimentos.
-La renuncia pulsional
-La tentación y la culpa.
-Neurosis y Tabú.
-La creencia en la superstición y la duda.
-La compulsión.
-El pensamiento racional.

5-A MODO DE SÍNTESIS (El ello, el yo y el superyo)
-El ello.
-El yo.
-El superyo.





LA NEUROSIS OBSESIVA en la obra de FREUD


“Una pulsión erótica y una sublevación contra ellas; un deseo (todavía no obsesivo) y un temor (ya obsesivo) que lo contraría, un afecto penoso y un esfuerzo hacia acciones de defensa: el inventario de la neurosis está completo”.
(Freud, “A propósito de un caso de neurosis infantil”, 1909d)


1- INTRODUCCIÓN:

Imaginemos que tenemos nuestro pensamiento invadido por múltiples ideas que “no tienen” ningún sentido, que no las podemos “sacar de nuestra cabeza”, que nos asaltan en cualquier momento sin poder vincularlas con ningún acontecimiento y que, además, no las experimentemos como propias, sino como órdenes que nos son impuestas desde afuera y que nos sentimos impulsados a cumplir. Imaginemos que estas órdenes sean dañar o hasta incluso matar a un ser querido. Intentarían ustedes controlar esas ideas? Se someterían a toda clase de prohibiciones, renunciamientos y limitaciones de su libertad con tal que esa fantasía no se lleve a cabo? El enfermo obsesivo así lo hace.

Ahora imaginemos que nos sentimos obligados a hacer algo de lo que no podemos sustraernos, que además, aparentemente, no nos proporciona placer alguno y que, para colmo, tenemos que repetirlo, una y otra vez en un vaivén “carente de sentido”, sobre las actividades cotidianas de la vida (como lavarnos las manos, vestirnos, acostarnos, etc.) que terminan por parecernos ornamentaciones ceremoniosas interminables y que pese a todo no las podamos evitar. Terminaríamos agotados, ¿no?. Y sin embargo así es como actúa el enfermo obsesivo.

Ahora imaginemos que para coronar el sufrimiento dudáramos de todo lo que nos viene a la mente, de todas las ideas que tenemos. No nos “quedaría” otra posibilidad que cambiar una idea que nos parezca absurda por otra que nos parezca menos absurda, o cambiar una prohibición o una precaución por otra, aunque sea por un tiempo. Así vive el enfermo obsesivo.

Si a nosotros nos tocara la puerta un paciente con estas características, no iríamos a buscar en detalle lo que Freud dijo al respecto?
Este trabajo es producto de dicha búsqueda que espero nos pueda aclarar que le sucede a un sujeto que padece de esta penosa enfermedad.


2- UBICACIÓN NOSOGRÁFICA:

En el año 1894, Freud describe dos grandes grupos de neurosis: Las Neurosis actuales y las Psiconeurosis. El primer grupo, constituido por la neurastenia y la neurosis de angustia, lo conformaban aquellas afecciones cuyos síntomas eran el resultado de la falta o inadecuación de la satisfacción sexual actual . El segundo, conformado por la histeria y la neurosis obsesiva, eran afecciones cuya sintomatología era expresión simbólica de conflictos infantiles.

Ya en 1893, había descrito junto a Breuer sus consideraciones acerca de los fenómenos histéricos, descripción que daba por tierra a las antiguas teorías etiológicas de la época que la consideraban producto de un proceso degenerativo del sistema nervioso.

Su hipótesis se basaba en la consideración de una escisión repentina de la conciencia en una segunda conciencia en el cual el yo del sujeto permanecía vulnerable al suceso traumático.

A este tipo de histeria la llamó, histeria hipnoide. En ese mismo año aporta dos formas mas de histeria a las que denomina histeria de retención e histeria de defensa. La primera la conforman aquellos casos en que se “intercepta la reacción frente al estímulo traumático” (y que luego serán tramitados por abreacción). La segunda la conforman aquellos cuadros que se anudan con las fobias y las representaciones obsesivas.

Tanto en los casos de histeria como en los de representaciones obsesivas, dice, son pacientes que gozaron de salud psíquica hasta el momento en que su yo se vio enfrentado con un afecto penoso, inconciliable, que la persona “decidió” olvidarlo mediante un trabajo de pensamiento. El yo debe entonces arrancarle el afecto que sobre dicha representación gravita; de esa manera la segrega de toda asociación dentro de la conciencia; pero, dice, “la suma de excitación divorciada de ella tiene que ser aplicada a otro empleo”(Freud, 1894a). En la histeria, traspone a lo corporal la suma de excitación (conversión). En la neurosis obsesiva y las fobias el “...afecto liberado se adhiere a otras representaciones, en si no inconciliables, que en virtud de ese “falso enlace” devienen representaciones obsesivas” (1894a).

Una representación proveniente de la vida sexual será la que le otorgará el afecto penoso que luego estará endosado a la representación obsesiva (aunque, dice en esa época, este origen no es exclusivo). El afecto entonces permanece sin cambio, sin disminución, sólo la representación inconciliable ha sido excluida del recordar. A este cambio de representación del afecto lo llama, en ese entonces, “mecanismo de transporte”.

Hasta esa época obsesiones y fobias conformaban un solo grupo dentro de las psiconeurosis, y en ese mismo año Freud (1895c) se ocupará de diferenciarlas. Dirá que ambas coinciden en su sintomatología en el hecho de hacerse obsesiva una representación. Que esto acontecía por un enlace con un afecto disponible que era transpuesto sobre otra representación (lo que mas tarde llamará desplazamiento). Pero a las obsesiones le adscribe dos características de las que carecen las fobias: 1- una idea que se le impone al enfermo; y 2- un estado emotivo asociado que puede ser la ansiedad, la duda, el remordimiento, la cólera, etc. En las Fobias, en cambio, el afecto es siempre la angustia. De este modo las separa de las neurosis obsesivas, las sitúa dentro de las neurosis de angustia y no les adjudica mecanismo de sustitución alguno en la medida en que el afecto no procede de una representación reprimida. (1895b)

Así fue como la neurosis obsesiva pasó a constituir una entidad nosológica autónoma e independiente, admitida universalmente.

En 1896, dividirá a las obsesiones en dos grupos: 1- aquel en los cuales se establece una transposición (desplazamiento) del afecto sobre otra representación y 2- Aquel en los cuales la idea original está reemplazada por actos. Son aquellos actos que en su origen sirvieron como alivio o como procedimientos protectores y ahora se encuentran en una asociación grotesca con un estado emotivo que no concuerda con ellos. Así habla de la obsesión aritmomaníaca (necesidad de contar), de la obsesión especulativa (manía de cavilación), de la manía de duda, de la misofobia (temor a suciedad), etc.

Años mas tarde, ( 1914c) Freud realizará un nuevo esquema y dividirá a las psiconeurosis en neurosis de transferencia y neurosis narcisistas. Ubicará a la neurosis obsesiva, junto con la histeria y la fobia (ahora histeria de angustia), dentro de la primera y, a la psicosis primero y a la melancolía después, dentro de la segunda. Esta división la establece sobre la base que en las neurosis de transferencia la libido está siempre desplazada sobre un objeto real o imaginario, a diferencia de lo que acontece en las neurosis narcisistas donde la libido se ha retirado de los objetos y se deposita en el yo.


3- EVOLUCIÓN DE LA TEORÍA ETIOLÓGICA:

A Freud lo preocupaba la etiología de la neurosis, es decir, cómo es que un sujeto deviene neurótico y por qué.

En los tempranos exámenes respecto de la etiología pueden diferenciarse dos soluciones, ambas sustentadas en una teoría traumática.

La primera solución tomaba como base las elucidaciones hechas en la histeria y la aplicaba, modificándola, a la neurosis obsesiva. La segunda se basaba en el momento de la vida en que ocurría el trauma psíquico.

Veamos entonces su primera teoría :

a- Teoría traumática (teoría de la pasividad - actividad).

Como dije, esta teoría es una adaptación de la teoría etiológica histérica que, en 1896, (1896a) establece que lo específico de la histeria es una experiencia sexual precoz, hasta los 8 o 10 años, (prepuberal), como resultado de un abuso. Estas experiencias, de características pasivas, posee un efecto nulo o escaso en su momento debido a que, por la corta edad del sujeto, no posee aún el sentido sexual del acto, pero se conserva como huella psíquica. Cuando en la pubertad se desarrolle la actividad sexual, despertará esta huella psíquica inconciente y el recuerdo actuará entonces como si fuera un conflicto actual.

En las neurosis obsesivas, en cambio, se trataría de un acontecimiento que ha causado placer, de una agresión sexual inspirada por el deseo (en el caso del varoncito) o de una participación con goce en las relaciones sexuales (en el caso de la niña). Las ideas (representaciones) obsesivas serán luego unos “..reproches que el sujeto se dirige a causa de este goce sexual anticipado, pero unos reproches desfigurados por un trabajo psíquico inconciente de transformación y de sustitución” (Freud, 1896a). El hecho que tales agresiones sexuales ocurran en una edad tan temprana podría ser el resultado del influjo de una seducción anterior (experiencia pasiva previa) que generó la precocidad sexual. De este modo explica el trasfondo de síntomas histéricos, en su mayoría sensaciones o dolores, hallados en la neurosis obsesiva .

b- Preconcepción de una segunda teoría etiológica. Teoría cronológica:

La segunda solución se sustentaba sobre la base de la influencia decisiva que tenían los factores cronológicos. Es decir, la forma de neurosis dependía del período de la vida en que hubiera tenido lugar el suceso traumático o, el momento de la vida en que entraba en juego una defensa contra el resurgimiento de la vivencia del trauma.

Pero había algo de esta teoría que no le cerraba, no podía establecer si los sucesos de la infancia ocurrieron realmente o eran meras fantasías que tenían los enfermos obsesivos ya que todos parecían tener idénticos sucesos de seducción y goce. Estas dudas las resolverá años mas tarde, mientras tanto seguía manteniendo su anterior postulación.

En 1900, en su artículo sobre “El sueño de la muerte de las personas queridas” , (1900a) dice que “la neurosis obsesiva corresponde a la emergencia de una supermoralidad que a título de refuerzo y sobrecarga gravitaba sobre el carácter primario, el cual no renuencia jamás a imponerse. Así pues, muchas personas que aman a sus hermanos y experimentarían un profundo dolor ante su muerte, llevan en su inconciente deseos hostiles a ellos procedentes de épocas anteriores, y estos deseos pueden hallar en sueños su realización”. (Freud, 1900a) Volveremos mas tarde sobre este punto.

c- Un vuelco en la teoría traumática. El infantilismo de la sexualidad:

En 1899 (1950a. Carta 125) Freud le escribe Fliess un pasaje que parece preanunciar las modificaciones que posteriormente sufrirá la teoría etiológica de la neurosis obsesivas. Refiriéndose a la teoría que antes vimos, la del factor cronológico como determinante de la neurosis, dice, “hace tiempo he abandonado esto y luego permanecí sin vislumbre hasta hace pocos días, cuando se me reveló un nexo con la teoría sexual”. Aunque ya antes, en 1897 (1950a, carta 67) Freud le había insinuado a Fliess sus dudas respecto de la teoría etiológica traumática de las neurosis y puntualiza los motivos por los cuales no le creía mas a “su neurótica”. (1950a)

Serán dos, principalmente, los cambios decisivos que modificarán la teoría traumática y, por ende, toda la teoría psicoanalítica:

1- Cambios en la noción de fantasía.

En un artículo escrito en 1905 (1906a) Freud expresa cabalmente, por primera vez, el vuelco en su teoría traumática de la neurosis adjudicándole a la fantasía un valor que hasta ahora no se lo había dado. Dice “..sobrestimé la frecuencia de estos sucesos, (...) tanto mas que a la sazón yo no sabía distinguir con certeza entre los espejismos mnémicos de los histéricos acerca de su infancia y las huellas de los hechos reales; desde entonces he aprendido en cambio, a resolver muchas fantasías de seducción considerándolas como unos intentos por defenderse del recuerdo de la propia práctica sexual (masturbación infantil). Al obtenerse este esclarecimiento cayó por tierra la insistencia en el elemento “traumático”; quedó en pie la siguiente intelección: la práctica sexual infantil (sea espontánea o provocada) marca la dirección que seguirá la vida sexual tras la madurez.” (Freud, 1906a)

Así, los síntomas ya no eran reproducciones de los recuerdos reprimidos de vivencias sexuales infantiles sino que “entre los síntomas y las impresiones infantiles se intercalaban las fantasías (invenciones de recuerdos) de los enfermos, casi siempre producidas en los años de pubertad” (Freud, 1906a)

Este giro de la teoría hizo que los “traumas infantiles” quedaran reemplazados por el “infantilismo de la sexualidad” y , si el factor accidental del trauma ya no existía como tal, tampoco podía mantener la idea que una conducta pasiva en el trauma infantil condicionaba a una patología histérica y una conducta activa a una neurosis obsesiva.

Pero no todos estaban de acuerdo.....

En 1914 Freud escribe un historial clínico, “El Hombre de los Lobos”, (1918b) con el fin de discutir y demostrar el factor infantil en la etiología de la neurosis ya que contenía pruebas concluyentes acerca esta. Establece además un nexo entre las escenas primordiales y las fantasías primordiales. Arroja luz sobre acerca de las organizaciones pregenitales de la libido, ampliando el concepto de fase oral. Y establece el carácter universal de la bisexualidad, otorgándole a las mociones femeninas primarias un papel preponderante en la determinación de la neurosis.

En su contraataque a las críticas de Adler y Jung él escribe: “Sometamos a examen (...) la concepción de que esas escenas de la primera infancia (....) no serían reproducciones de episodios reales a los que fuera lícito atribuir una influencia en la configuración de la vida posterior y en la formación de síntoma, sino unas formaciones de la fantasía cuya incitación provino de la madurez, que estuvieran destinadas a procurar cierta subrogación simbólica a deseos e intereses reales y debieron su génesis a una tendencia regresiva.... si así fuera (y he ahí su irónico contraataque) uno podría desde luego ahorrarse aquellas extrañas atribuciones a la vida anímica y a la operación intelectual de niños de cortísima edad” (Freud, 1918b). Continúa diciendo que esta concepción está a los fines de satisfacer el deseo de racionalizar y simplificar una tarea difícil.

Sobretodo le discutían que dichas escenas infantiles eran el resultado de una construcción del analista y no los recuerdos del paciente. Freud, en un esfuerzo por demostrar que esas escenas no eran meramente fantasía, argumenta que el recuerdo está sustituido, en los neuróticos, por sueños, ya que “el soñar es también un recordar sometido a las condiciones nocturnas y de la formación de sueño”(1918b) de modo que poseen el mismo valor.

Además reafirma contundentemente que el supuesto de “un conflicto actual, el extrañamiento de la realidad y la regresión al material del pasado pertenecen a su doctrina y que junto a estos influjos retrogredientes existen otros, progredientes, que producen sus efectos desde la impresiones infantiles”(1918b) y permiten comprender el camino regresivo de la sexualidad a un modo de satisfacción libidinosa infantil.

De esta manera ambos factores se conjugan en la formación de síntoma. De este modo la influencia del factor infantil codetermina si el individuo fracasara, y en que punto, en el dominio de los problemas reales de la vida.

Así dice Freud: “Estoy presto a aseverar que toda neurosis de un adulto se edifica sobre su neurosis de la infancia, pero esta no siempre fue lo bastante intensa como para llamar la atención y ser discernida como tal” (1918b)

Dos años mas tarde, aunque publicado en el mismo artículo, Freud se vio precisado a hacer algunas aclaraciones al respecto de si las escenas infantiles son ”reales” o “fantaseadas” y, apoyándose en la observación de la identidad sintomatológica de todos sus pacientes dice: “Ya no cabe dudar mas de que se trata sólo de una fantasía...” y continúa, “.... tengo el propósito de cerrar este examen del valor de la realidad de las escenas primordiales mediante un “non liquet ”(1918b)


2- Cambios en la noción de sexualidad.

a) Pulsiones parciales y pregenitalidad. Fijación y regresión.

Con el fin de explicar la etiología de las neurosis necesitaba aclarar la constitución sexual infantil, y a ella le dedica sus Tres ensayos (1905d). Allí destaca el carácter sexual de la fuerza pulsional comprometida en las psiconeurosis y, a diferencia de lo dicho en 1894, donde decía que el origen sexual no era exclusivo, dice que la participación sexual es la “única fuente energética constante de las neurosis, y la mas importante, de suerte que la vida sexual de las personas afectadas se exterioriza, de manera exclusiva, o predominantemente, o solo parcialmente, en estos síntomas” de tal modo que los síntomas son “la práctica sexual de los enfermos”(1905d); pero aclara que la sexualidad de la que él habla no se trata de la sexualidad normal (entendiendo por esto a la unión genital heterosexual) o por lo menos no únicamente, sino que los síntomas “constituyen la expresión convertida de pulsiones que se designarían perversas si pudieran exteriorizarse directamente”(1905d).

Como consecuencia de la represión de los reclamos de la vida sexual normal, o cuando se frustran las vías normales de descarga de la libido, la libido se desplaza por “vías colaterales de descarga” que aparecen, entonces, como vías perversas en la medida que la sexualidad de los neuróticos remite o conserva rasgos de la sexualidad infantil.

Es así como en la neurosis obsesiva, los impulsos crean nuevos fines de las zonas erógenas que generaban una sexualidad perversa. (O para decirlo en otros términos una satisfacción sexual a través de pulsiones parciales que, al estar reprimidas, actúan como formadoras de síntoma)

En la medida de que en la neurosis la represión impide la descarga pulsional perversa, Freud categoriza a la neurosis como el negativo de la perversión (1905d).

b) Pulsiones yoicas y libidinales.

Respecto de las pulsiones yoicas Freud se adhiere a una idea de Ferenczi que dice que “el supuesto de que un apresuramiento en el tiempo del desarrollo yoico respecto del libidinal ha de anotarse en la predisposición a la neurosis obsesiva”. (Freud, 1913i). Freud continúa diciendo que “ un apresuramiento así constreñiría una elección de objeto desde las pulsiones yoicas , mientras la pulsión sexual no ha alcanzado todavía su plasmación última de tal suerte , deja como secuela una fijación en el estadio del orden sexual pregenital. Si se considera que los neuróticos obsesivos tiene que desarrollar una hipermoral para defender su amor de objeto contra la hostilidad que tras ese amor acecha, uno se inclinará a suponer cierto grado de esta anticipación del desarrollo yoico como típico de la naturaleza humana, y hallará fundada aptitud para la génesis de la moral en la circunstancia de ser el odio, en la serie del desarrollo, el precursor del amor”.(Freud, 1913i)

Del desarrollo libidinal abre el camino para la comprensión de los puntos de fijación. Dirá entonces que la función sexual y la función yoica deben atravesar un largo camino de desarrollo hasta alcanzar el estado característico para la persona normal. Toda vez que, a lo largo de ese camino, un fragmento de esas funciones psíquicas se detenga en un estadio anterior, se producirá un “lugar de fijación” a los cuales la función puede regresar en caso de que se contraiga enfermedad por una perturbación exterior” (1913). Estas inhibiciones en el desarrollo serán las predisponentes para el tipo particular de neurosis que un sujeto padecerá.

Ya en 1905 (1905d) había descripto, en ese mismo sentido, las fases de desarrollo de la organización sexual, a las organizaciones y fijaciones pregenitales y le adscribe a la segunda fase pregenital la organización sádico - anal. Los opuestos por los que mas tarde atravesará la vida sexual como masculino - femenino, en esta fase se caracterizan por ser activo - pasivo. La actividad la desarrolla la pulsión de apoderamiento por medio de la musculatura corporal. Sería el componente sádico, el control y el dominio (representado por la retención esfinteriana). La meta pasiva la constituye la mucosa erógena intestinal.

La pulsión de apoderamiento, el sadismo, (si se encuentra al servicio de la pulsión sexual) apoya a las aspiraciones de meta activa; y el erotismo anal, cuya zona erógena es la antigua cloaca indiferenciada, alimenta las aspiraciones pasivas

La pulsión de saber “podría sustituir directamente al sadismo en el mecanismo de la neurosis obsesiva“ (1913i). Ya que ella es consecuencia de la sublimación, en lo intelectual, de la pulsión de apoderamiento. En este sentido, la duda es manifestación del rechazo a dicha pulsión de saber.

En 1915 (1915c), para comprender el sadismo hace una referencia al par pulsional antitético sadismo - masoquismo y lo explícita del siguiente modo: El sadismo es la violencia ejercida y hacia el objeto. Luego el objeto es sustituido por el propio sujeto (de este modo además la meta activa de la pulsión se transforma en pasiva). Y luego busca un objeto que se encargue del papel del sujeto. De este modo el sadismo deviene masoquismo.

La conducta del instinto sádico en la neurosis obsesiva demuestra que la hipótesis de la vuelta del sadismo hacia la propia persona no es superfluo. Allí encontramos la orientación hacia la propia persona sin pasividad respecto a otra.

En “La Represión” (1915d) dice no saber si en esta patología la representación que sucumbe a la represión es la de tendencia libidinosa o la hostil y ello se debe a que como producto de la regresión que acontece en esta psiconeurosis, una aspiración sádica reemplaza a una tierna.

Dice que hay dos fases del trabajo represivo. El primero, exitoso, rechaza el contenido de representación y desaparece el afecto. Como resultado de esto aparecen unos escrúpulos de conciencia extremos que no pueden denominarse síntomas sino formaciones substitutivas producto de una alteración del yo.

La represión ha realizado una sustracción de libido utilizando para ello, una formación reactiva por medio de lo cual se intensificó un opuesto. Esta formación substitutiva parece coincidir con la represión.

Posiblemente todo este proceso se pueda llevar a cabo gracias a que el impulsos sádico se halla inserto en un terreno de ambivalencia y facilita la represión por medio de una formación reactiva. Aunque este mismo terreno favorece luego el retorno de lo reprimido. De este modo el afecto que había desaparecido, retorna como angustia social, angustia moral, escrúpulos y reproches sin fin. Actúa además el mecanismo de desplazamiento que sustituye la representación rechazada por otras nimias o indiferentes.

Al enfermo entonces no le queda otra posibilidad que recurrir a un mecanismo de fuga por medio de dudas y prohibiciones. Pero a pesar de ello, el rechazo de la representación displacentera continúa ya que de ese modo consigue evitar la acción paralizando el impulso. De ese modo la represión, en la neurosis obsesiva, culmina en una lucha estéril e interminable.

En su articulo “Lo inconciente” (1915e) agregará que la contracarga del sistema conciente contra la representación displancentera, organizada como una formación reactiva, es la que lleva a cabo la represión y en la que tiene efecto, mas tarde, la emergencia de la idea reprimida.



4- SÍNTOMAS OBSESIVOS:

Freud aisló a la neurosis obsesiva desde diversos puntos de vista. Desde los mecanismos de defensa, participan principalmente el desplazamiento, el aislamiento y la anulación. En lo que respecta a la vida pulsional, actúan la ambivalencia, la fijación anal y la regresión. Y desde el punto de vista tópico, establece una relación sadomasoquista entre el yo y el Superyo. Veremos entonces, representado en los síntomas obsesivos, sus manifestaciones.

A) Durante la primera etapa del estudio de la neurosis obsesiva, Freud describió tres períodos en la evolución de esta enfermedad y tres clases de síntomas: Los síntomas de la defensa primaria, los de la defensa secundaria y los actos obsesivos.

-Los tres períodos consistían en :

I- Período de “inmoralidad infantil”: En el cual ocurren las experiencias pasivas que mas tarde hacen posible la represión. También incluye dentro de este período los actos sexuales placenteros que aparecerán mas tarde bajo la forma de reproches.

II- Período de maduración sexual: caracterizado por la aparición de los reproches. Pero sucede que el sujeto necesita reprimir también los reproches porque, si bien están enlazados a la conciencia de acciones placenteras, también lo están a la conciencia con la vivencia de pasividad inicial. Al producto de dicha represión de los reproches lo llamará defensa primaria, ( o síntomas primarios de la defensa) cuyas manifestaciones serán los escrúpulos de la conciencia moral, la vergüenza y la desconfianza de sí mismo.

Luego comienza el tercer período en el cual, aparentemente, se manifiesta la salud, pero es, en realidad, el período en el que la defensa se consolida.

III- Periodo de enfermedad: fracasa la defensa y retornan los recuerdos reprimidos (retorno de lo reprimido). Ahora, los recuerdos y afectos que han retornado en calidad de representaciones obsesivas son unas formaciones de compromiso entre las representaciones reprimidas (experiencia pasiva) y las represoras.

- Los tres tipos de síntomas consistían en:

I- Síntomas de la defensa primaria (del retorno de lo reprimido):

Vimos que cuando la defensa primaria fracasa aparecen síntomas de compromiso que dan cuenta del retorno de lo reprimido. Se manifiesta entonces una neurosis obsesiva que, según el contenido de la representación que ingresa en la conciencia, se puede manifestar de dos formas:
a- en la primera, ingresa a la conciencia el recuerdo de la acción que será luego motivo de reproche (Acción - reproche);
b- en la segunda, además de la acción - reproche, ingresa a la conciencia el afecto a él anudado.

El primer caso se trata de las representaciones obsesivas típicas. Es una representación que atrae la atención del enfermo. El afecto será sólo un displacer impreciso. El yo ejerce la represión sobre la representación inconciliable y como resultado aflora a la conciencia una representación doblemente desfigurada. Así, una representación actual reemplaza a la pasada y la connotación sexual se halla reemplazada por una no sexual. El contenido de la representación obsesiva es fragmentariamente idéntico al reprimido o se integra con éste.

En el segundo caso lo que aparece en la conciencia del enfermo no es el recuerdo (reprimido) o su sustituto, sino el reproche que a él se acompaña. El afecto del reproche puede, por represión, mudarse en un afecto displacentero de cualquier otra índole. Entonces en el lugar del reproche (por el acto sexual), aparecerá en la conciencia la vergüenza (de que otro se entere), o la angustia hipocondríaca (por las consecuencias de dicha acción) o angustia social (miedo a la condena social por el delito cometido) o angustia religiosa (que Dios - padre lo castigue) miedo a la tentación (justificada en la poca confianza de su resistencia moral) etc.

II- Síntomas de la defensa secundaria:

Existe en la neurosis obsesiva otro conjunto de síntomas de un origen diverso que son producto de la defensa del yo hacia aquellas “ramificaciones” (“retoños”) del recuerdo reprimido. Esta defensa, llamada Defensa Secundaria, consiste en medidas protectoras que combaten las representaciones y los afectos obsesivos. Estas son, por ejemplo, el desvío del pensamiento hacia otro lo más opuesto posible, o al compulsión a cavilar, o el intento de pensar y examinar, la manía de duda, etc.

En algunos casos se forma una representación obsesiva cuando la compulsión se transfiere de la representación (o el afecto) a la medida de defensa o cuando la compulsión oscila entre el síntoma de retorno (de lo reprimido) y el síntoma de defensa secundaria. En otros casos no se forma una representación obsesiva y es allí donde el recuerdo reprimido está representado por la medida de defensa primaria .

III- Actos obsesivos:

Si estas medidas preventivas consiguen reprimir nuevamente a los síntomas de retorno, la obsesión se transfiere a las medidas preventivas mismas y creará una tercera forma de neurosis obsesiva: Los Actos Obsesivos. Estas acciones obsesivas contienen sólo una defensa, nunca una agresión y se explican refiriéndolas al recuerdo obsesivo contra el cual combaten.
Freud agrupa estas acciones según su tendencia en: medidas expiatorias (ceremoniales y observación de números); medidas preventivas (fobias, superstición, meticulosidad, acrecentamiento del síntoma primario de los escrúpulos de la conciencia moral);miedo a traicionarse (misantropía); aturdimiento (dipsomanía).


B) Mas tarde Freud continuará el estudio de los síntomas obsesivos a la luz de diversas vicisitudes de la vida anímica:

Ceremoniales, acciones obsesivas, prohibiciones e impedimentos.

En 1907 (1907b) establece una semejanza entre las acciones obsesivas y la práctica religiosa por medio de la cual el creyente profesa su fe .

El ceremonial obsesivo, dice Freud, “consiste en pequeñas prácticas, agregados, restricciones, ordenamientos que, para ciertas acciones de la vida cotidiana, se cumplen de una manera idéntica o con variaciones que responden a leyes”(1907b).Estas actividades, que parecen carentes de significado a los ojos del observador, lo parecen también a los ojos del enfermo pero, a pesar de ello, no es capaz de abandonar su práctica por el miedo a la intolerable angustia que le sobreviene y que lo fuerza a reparar lo omitido. Los ceremoniales adornan además otras acciones, como el vestirse, el meterse en la cama, etc. La ejecución del ceremonial se caracteriza además por la particular escrupulosidad con la que se lleva a cabo y la categoría de “acción sagrada” que posee debido a la angustia que despierta su omisión.

Las prohibiciones no le dejan al enfermo hacer ciertas cosas permitiéndoles otras sólo bajo la obediencia a un ceremonial prescrito. Esta actividad, al principio solitaria, deja intacta, por muchos años, su conducta social.


-La renuncia pulsional.

Tanto en la religión como en la neurosis obsesiva habría una renuncia a lo pulsional, pero mientras que en la neurosis obsesiva la naturaleza de las pulsiones son exclusivamente sexuales, “en la religión son de origen egoísta”(1907b)

La renuncia progresiva a las pulsiones parece ser una de las bases del desarrollo de la cultura humana. La pulsión sexual, en la medida en que es sublimada, pone al servicio de la cultura un monto de fuerza enormemente grande gracias a la posibilidad de desplazar su meta sin sufrir un menoscabo esencial en cuanto a su intensidad. (1908d)

En los neuróticos, la educación, a quien Freud le adjudica la tarea de limitar y encausar la pulsión, ha fracasado; porque si bien las pulsiones sexuales inhibidas ya no se exteriorizan como tales ( y en esto reside el éxito), aparecen en otras formas igualmente nocivas para el individuo como la misma satisfacción inmodificada de la pulsiones que se sofocaron. Aparecen entonces los síntomas neuróticos donde se evidencia que, bajo el influjo de los reclamos culturales, la pulsión ha conseguido solo una sofocación aparente.

Tras la neurosis ( y la represión consecuente), las pulsiones perversas amenazan desde lo inconciente y solo con un gasto de fuerzas y de un empobrecimiento interior, pueden llevar a cabo su trabajo en pro de la cultura. Así, dice Freud, “todos los que pretenden ser mas nobles de lo que su constitución les permite caen víctimas de la neurosis; se habrían sentido mejor de haberles sido posible ser peores” (1908d)

-La tentación y la culpa:

La compulsión y las prohibiciones aparecen como características de quien se comporta como si estuviera “bajo el imperio de una conciencia de culpa de la que él , no obstante, nada sabe; vale decir de una conciencia inconciente de culpa” (Freud, 1907b). Esta conciencia de culpa, si bien puede tener su fuente en ciertos procesos anímicos tempranos, se reeditan, por un estímulo actual, bajo la forma de una tentación.

Dicha tentación, que genera una expectativa angustiada, trae aparejado la idea de castigo por ella. Como el nexo entre el suceso a raíz del cual emerge la expectativa angustiosa y el contenido del que ella amenaza está oculto para el enfermo, el ceremonial comienza como una acción de defensa o de aseguramiento, como una medida protectora.

En la base de la neurosis obsesiva persiste una moción pulsional que, presente en algún momento de la vida infantil, cayó bajo el imperio de la represión (quizás por el temor al castigo -angustia de castración-). Así nace la escrupulosidad dirigida hacia la meta de la pulsión, pero como la pulsión no termina por sofocarse, reaparece de continuo acechando al enfermo desde lo inconciente. Este es el motivo por el cual la represión del neurótico obsesivo puede considerarse como ineficazmente lograda. El paciente necesitará entonces cada vez mas esfuerzos y empeños para contrabalancear el asalto de la pulsión y para ello establece nuevos ceremoniales y acciones que aparecen en parte como defensa frente a la tentación y en parte como protección frente a la desgracia esperada.

Por lo tanto las prohibiciones, cada vez mas limitantes, están destinadas a mantener alejada la tentación del enfermo.

Un concepto interesante es aquel que plantea el autor cuando dice que todas las exteriorizaciones del neurótico obsesivo son una solución de compromiso entre dos poderes anímico en pugna. Los síntomas devuelven además algo del placer que estaban destinados a prevenir. O sea, sirven a la represión y a lo reprimido y a medida que la enfermedad progresa estas acciones, que en un principio eran defensivas, se van aproximando cada vez mas a las acciones prohibidas.

El mecanismo de la neurosis obsesiva está determinado por el proceso de desplazamiento, y esto es lo que hace tan variable la meta a la cual está dirigido el acto

Esta desfiguración, semejante a la que ocurre en el trabajo onírico no es la única a la que están sometidas los pensamientos obsesivos, existe además, la desfiguración por omisión, a la que Freud denomina elíptica (“si hago esto resultará aquello”) que parece ser típica de la neurosis obsesiva.

-Neurosis y Tabú:

En 1912 (1912-13) Freud abordará el tema del totemismo y el tabú y establecerá una relación con la neurosis obsesiva.

Propone llamar a la neurosis obsesiva, enfermedad de los tabúes aunque dice que la semejanza del tabú con la enfermedad obsesiva es sólo externa, sólo en la forma de manifestación, aunque no en su esencia.

La concordancia mas inmediata la establece a partir de la angustia que conlleva la violación de la imposición tabú y la obsesiva; angustia que muchas veces se manifiesta solamente con la imprecisa sensación de que cierta persona de su alrededor sufra algún daño a raíz de dicha violación. Noticia de ese temor se obtiene a raíz de las acciones expiatorias y de defensa.

La prohibición de contacto (“dèlire de toucher”) es la prohibición rectora y nuclear de la neurosis así como del tabú. Dicha prohibición no sólo rige al tocar sino a todo lo que implique un entrar en contacto. Incluso el pensar, por su posible contacto de pensamiento con el objeto prohibido, está tan prohibido como el contacto corporal directo (no nos olvidemos que el pensar, adquiere en esta patología la cualidad de un acto sexual).

La imposibilidad respecto de los objetos termina por invadir todo su mundo gracias a la desplazabilidad de la pulsión. De ese modo aquellas personas o cosas imposibles le aparecen a enfermo, en un intento de justificación lógica, como portadores de alguna enfermedad o infección que se contagiará por contacto.

El carácter de los mandamientos carentes de sentido, la obligación “interna” de llevarlo a cabo, la desplazabilidad y el peligro de contagio por lo prohibido, la ejecución de ceremoniales y mandamientos que provienen de prohibiciones y la actitud ambivalente hacia aquello sobre lo cual recae la prohibición son las principales concordancias entre el tabú y la neurosis obsesiva.

Respecto del último punto, la relación de ambivalencia, Freud dice que los reaseguramientos y autocastigos que se impone el enfermo frente al deseo de dañar el objeto son producto de un anhelo, escondido tras la prohibición, que está presente en lo inconciente. Ese impulso inconciente puede provenir de un origen totalmente diverso al que se exterioriza y, gracias al mecanismo de desplazamiento, haberse “posado” sobre el mismo objeto de amor sobre el que ahora recae la prohibición.

Además, dice, este proceso inconciente, por poseer características indestructibles, podría provenir de épocas y constelaciones más tardías. En este mismo sentido, la conciencia de culpa y el reproche anudado a ella son manifestación de dicha ambivalencia.

Estos sentimientos, “bi-escindidos” de tentación y prohibición (tiernos y hostiles) al querer imponerse ambos, estallan en conflicto, y una de los dos oponentes, generalmente la hostilidad, es proyectada, arrojada al exterior, y de ese modo se pueden manifestar, en esta enfermedad, rasgos paranoides por el temor que esos impulsos hostiles se vuelvan contra la propia persona.

De ese modo se comprende el mecanismo de represión de la hostilidad inconciente por vía de la proyección y a la formación de un ceremonial que expresa el miedo a ser castigado.

A pesar de todo esto, dice, el tabú no es una neurosis obsesiva, sino una formación social, una reacción cultural.

-La creencia en la superstición y la duda:

Freud había observado en sus pacientes obsesivos la particularidad de la necesidad de encontrar en la vida cotidiana puntos de apoyo que sustentaran la creencia en la superstición, motivo por el cual prestaban una particular atención a las casualidades de la vida cotidiana. Otra necesidad era la incertidumbre en la vida y las dudas.

A partir de ella el enfermo se abstrae de la realidad, se aísla del mundo, y tal es su predilección por la incertidumbre que se les convierte en motivo para fijar sus pensamientos en temas sobre los cuales la incertidumbre de los hombres es universal; como la filiación paterna, la duración de la vida, la vida después de la muerte y la memoria.

La creencia en la superstición Freud la relaciona a la omnipotencia del pensamiento propio de la vida infantil. Así dice: “..en esta creencia se confiesa sinceramente un fragmento de la antigua manía de grandeza de la infancia “(Freud, 1909d). Como algunos sentimientos como el amor o el odio, escapan a su saber conciente y producen efecto en él, así cree también que lo producirá en el mundo exterior. Son ese amor y ese odio hiperpotentes los que crean en él los pensamientos obsesivos que él no comprende y de los cuales se defiende sin éxito. De esa manera sus pensamientos se inundan de dudas y preguntas en cuanto a la duración de la vida y la posibilidad de muerte de los otros.

Freud comprende que estas cavilaciones acerca de la muerte responden a una necesidad del enfermo para solucionar conflictos que dejan sin resolver. Dice que frente a la incapacidad para decidirse, sobretodo en lo que respecta a su vida amorosa, intenta postergar toda decisión y, resolverla (en la fantasía) mediante la muerte de “las partes querellantes”. De ahí que en cada conflicto vital aceche la muerte de una persona significativa.

La neurosis se ha edificado entonces en un juego y contrajuego de fuerzas psíquicas del cual tomamos conocimientos a través de las producciones del paciente. Los jugadores parecen ser dos fuerzas que se oponen: Amor y odio .

En la neurosis obsesiva, el componente sádico del amor se ha desarrollado con particular intensidad en aquellos casos de “odio inconciente” y que eso determinaría una sofocación prematura y radical del odio. Entonces los fenómenos observados en las neurosis derivan de dos fuentes: Por un lado de la ternura conciente elevada por reacción. Por el otro, del sadismo que en lo inconciente sigue produciendo efectos como el odio.

En ese juego del que hablábamos antes; si amor y odio poseen una fuerza pareja, generan una parálisis de la voluntad y de la decisión en relación a todas las acciones relacionadas con a vida amorosa. Pero sucede además que el mecanismo de desplazamiento es de uso extremo en esta patología y así, la parálisis de la decisión se difunde, paulatinamente, a todo el quehacer del enfermo. Por lo tanto “la duda corresponde a la percepción interna de la irresolución que se apodera del enfermo a raíz de todos sus actos deliberados, como consecuencia de la inhibición del amor por el odio. Es en verdad una duda en cuanto al amor...” (1909d)

Esa misma duda lo llevará a la incertidumbre acerca de la efectividad de las medidas protectoras y a su repetición continuada para desterrarla. Como consecuencia vuelve a estas acciones protectoras tan incumplibles como lo era la decisión de amor originariamente inhibida.

Pero “todas las medidas de que se vale el enfermo fracasan porque cada vez que el impulso amoroso consigue ejecutar algo en su desplazamiento a alguna acción ínfima, el hostil lo alcanza ahí y vuelve a cancelar su obra”(1909d).

-La compulsión:

La compulsión es un intento de compensar la duda y de salir de la inhibición que la duda genera. El designio originario, ahora desplazado, tendrá que satisfacerse en otras metas. Pero en la medida en que no son del todo satisfactorias, el remanente de excitación se exterioriza en mandamientos y prohibiciones debido a que es a veces alternativamente el impulso tierno y otras veces el hostil el que consigue la descarga. Si el mandamiento obsesivo no se cumple, el sujeto queda expuesto a una angustia insoportable .

El impulso tierno y el hostil se disputan la descarga sobre la acción sustituta con tanto ahínco que la mayoría de las veces solo puede aparecer como una medida protectora contra el impulso del cual se defiende.

Todo este calidoscopio de impulsos y defensas está mediado por una suerte de regresión; así, actos preparativos reemplazan a la resolución definitiva; la acción está sustituida por el pensar; y en lugar de la acción substitutiva aparece, compulsivamente, el pensamiento previo a la acción.

El pensar obsesivo o el actuar obsesivo estará en relación al grado de regresión que padezca el sujeto.

El actuar obsesivo solo es posible como resultado de una formación de compromiso entre dos impulsos que se combaten mutuamente. Es una suerte de reconciliación. Se podría decir que de esta forma se llega a la posibilidad de llevar a cabo un acto de amor. En la medida que estas acciones se asemejen cada vez mas a las acciones infantiles del tiempo del onanismo, ese acto de amor ya no estará dirigido hacia otra persona (al objeto de amor y de odio) sino a acciones autoeróticas como en la infancia.. en esta acción está involucrada una nueva regresión.

Tenemos por lo tanto dos regresiones: la 1º del actuar al pensar, a la que Freud le adjudica la represión prematura de la pulsión sexual de ver y de saber. La 2º, dirigida al placer autoerótico.

Sin entrar en detalles acerca de la pulsión de ver y de saber, diremos que, en la medida que el pensar está sexualizado, el placer sexual (que generalmente esta referido al contenido de lo que se piensa) se centra en el acto mismo del pensar y la satisfacción sexual está depositada en la meta de alcanzar un resultado cognitivo.

De esta manera puede sustituir la acción por actos preparatorios de pensamiento.

- El Pensamiento racional:

Tenemos por último una nueva barrera que atravesar y es que el pensar conciente tiende a disolver el pensar obsesivo. De ello el enfermo se protege con múltiples recursos:

* La desfiguración del pensamiento obsesivo antes de su devenir conciente.
*La interpolación de un intervalo entre la situación patógena y al idea obsesiva subsiguiente.
* La generalización de las referencias espaciales de la idea obsesiva.
Todo ello nos impide establecer un nexo entre la situación patógena y la idea a ella anudada.
* La ambigüedad del texto obsesivo.
En este caso se incurriría en los delirios y entonces la compulsión se anuda al delirio en lugar de hacerlo al texto originario.


5) A MODO DE SÍNTESIS. (El Ello, el Yo y el Superyo):

Si el síntoma es indicio y sustituto de una satisfacción pulsional interceptada y es el resultado de un proceso represivo que parte del yo, quien, por mandato del superyo no quiere acatar las mociones del ello tendríamos por último que revisar, a modo de síntesis, cuales serían las vicisitudes por las que atraviesan dichas instancias en esta patología .

- El Ello:
Como vimos, del examen de la vida genital se observa la existencia de una serie de temores que se pueden reconducir a una raíz infantil: El temor a la castración.
Este se puede manifestar como miedo al contagio venéreo, a la impotencia genital, o en el tipo de práctica sexual.

Este temor, que genera una actitud ambivalente hacia el acto sexual, hace sucumbir el factor cariñoso y amoroso del coito que pasa a tener entonces el significado de algo excrementicio, del tipo de la defecación, motivo por el cual busca relacionarse con individuos poco interesantes, indicando así una tendencia al rebajamiento del objeto sexual. Frecuentemente suele persistir la masturbación genital, con fantasías tanto hetero como homosexuales, sádicas y masoquistas.

Estos conflictos traen como consecuencia la regresión de la sexualidad genital a la inmediata anterior, es decir, a la organización anal sádica, y junto con ello, la antítesis masculino - femenino, que reinaba en la etapa genital, se sustituye por fálico - castrado y ésta a su vez, por la de activo - pasivo.

La manifestaciones de la organización anal - sádica son, en el segundo y tercer año de vida, el placer en la defecación y el agrado por los excrementos, junto con la satisfacción por el control esfinteriano que le otorgará, gracias a la posibilidad de retención del bolo fecal, la posibilidad de sentir mayor placer al eliminarlo.

A dicha organización anal Abraham, en 1924, la deslindó en dos etapas. La primera está caracterizada por la eliminación (anal) y destrucción sádica del objeto. La segunda, retiene al objeto. La neurosis obsesiva enfrentará su conflicto en esta segunda etapa.

Las tendencias sadomasoquistas sufrirán luego diversas modificaciones. Principalmente, gracias al mecanismo de la Formación Reactiva, originan rasgos de carácter del tipo de la compasión, del afán justiciero, o del deseo de sacrificio y ayuda social. Mas tarde, con el avance de la edad, la organización anal - sádica es en parte rechazada y en parte sublimada, originándose por ejemplo el asco por los excrementos, el afán coleccionista y el interés por el dinero. Si la organización anal ha tenido una influencia aún mayor, los individuos desarrollarán una o varias de las tres de las cualidades caracterológicas que constituye el carácter anal. Ellas son , el tesón, la tendencia al orden y la tendencia al ahorro.

Los síntomas obsesivos están frecuentemente relacionados con gestos y ceremoniales en relación a la defecación, como lavarse continuamente, la parsimonia y rigidez de sus acciones, etc. También conviven mociones opuestas, como por ejemplo la limpieza extrema y la suciedad, identificándose allí el placer anal y la formación reactiva contra aquel placer prohibido.

¿Por qué ocurre esto? El psicoanálisis postula la idea del abandono de una organización genital y la regresión a la fase de organización sexual anterior. Esta regresión es obra de dos factores: el fracaso de la actividad genital del individuo y la presencia de puntos de fijación libidinosa en la organización sádico - anal, motivadas por la acción conjunta de las vivencias infantiles y la constitución hereditaria.

De este modo los enfermos experimentan de un modo anal sádico lo que anteriormente fue genital. Su amor es sadomasoquista y en esa atmósfera, el coito toma la forma de dominar al objeto, de ensuciarlo o incluso matarlo. Por otro lado, como en la organización anal sádica predomina más la ambivalencia que en la genital, esta ambivalencia teñirá su vínculo de objeto, alternando exteriorizaciones de amor junto y de odio, activa y pasiva, masculina y femenina, dirigidas a la misma persona.

Esta regresión refuerza, a su vez, su sadismo que, dirigido hacia el objeto edípico del mismo sexo, intensifica la rivalidad activa del varón hacia el padre. Por otro lado, la misma regresión refuerza el erotismo anal, y consecutivamente la posición sumisa pasivo - femenina frente al padre. Esta contradicción entre rivalidad activa y sumisión pasiva crea uno de los rasgos típicos de la personalidad obsesiva que es la de oscilar entre una conducta de sometimiento femenino, acompañada de fantasías de castración, y una posición viril activa que estaría mas de acuerdo con su yo ideal .

Para evitar al angustia que esto le despierta, el enfermo “recurre” a la lucha secundaria contra el síntoma. Por otro lado la oscilación de la que antes hablaba, entre activo - pasivo, femenino - masculino, sádico - masoquista, trae aparejado que el enfermo dude antes de realizar cualquier acto ya que se siente atraído de realizar simultáneamente los dos tipos de actos opuestos entre si. Ese es el motivo por el cual el discurso del obsesivo se torna vago y vacilante (además del control, por parte del yo, de las posibles emergencias instintivas).

-El Yo:

El yo del enfermo obsesivo pretende dirigir su extraña vida instintiva hacia causes mas normales. Para este fin se vale de medios de defensa contra los instintos. El mas conocido es la represión, generalmente dirigida a hacia los deseos homosexuales pasivos con el padre.

Puede ocurrir también que recurra al aislamiento como mecanismo de defensa y de este modo destruye las conexiones psíquicas de contenido desagradable. (Le corta los cables) de ese modo dichos contenidos se pueden manifestar en su conciencia con poca intensidad y sin desagrado. Esto es lo que le dará al obsesivo la característica intelectualización del pensamiento con lo que pretende evitar sus conflictos , dudas y vacilaciones (Luego veremos como esto se entrama con la regresión mágico animista que padece el obsesivo).

Según Freud, el primitivo tabú del contacto es lo que le dará el modelo genético al aislamiento. Así, la originaria prohibición de tocar al jefe de la tribu, con el significado latente de evitar la agresión oculta se extiende al contacto visual y, por desplazamiento en la neurosis obsesiva, al contacto mediante el pensamiento.

La formación reactiva es otro de los mecanismos de defensa que emplea el yo contra las tendencias sádico anales. Así, a la agresividad del ello, la vuelve compasión del yo, justicia y humanidad; y contra las tendencias anales cultiva rasgos caracterológicos de limpieza, orden, tesón y economía. Pero las tendencias del ello vuelven por sus fueros. A esta exteriorización Freud las llama retorno de lo reprimido.

El yo lucha contra las tendencias instintivas y como resultado de dicha lucha aparecen los síntomas en dos tiempos. Por ejemplo realiza un acto y luego su opuesto, de ese modo “anula “, le hace perder importancia, al deseo que estaba representado por el otro acto. Este tipo de conducta, que forma parte de un tipo más amplio del neurótico obsesivo, se denomina anulación y es parte también del proceso del yo para defenderse de los instintos.

El síntoma en dos tiempos y la anulación forman parte de un tipo de lucha que entabla el obsesivo en el terreno del pensamiento mágico, a diferencia del aislamiento que es una lucha en el terreno racional.

Otros procesos de defensa del yo contra los conflictos que lo inquietan son los procesos de generalización y el desplazamiento hacia lo pequeño e insignificante. Esto significa que la realización o la prohibición de un acto se extiende a actos cada vez mas insignificantes pero, de algún modo, relacionados con el primero.

La racionalización forma parte también de dichas defensas. De este modo intenta que los sentimientos no interfieran el la realización de los actos, los que trata de llevar a cabo mediante la inteligencia. Este tipo de defensa choca con la regresión que realiza el yo, junto con la regresión instintiva sádico anal, a un tipo de realidad mágico- animista en el que actúa y se orienta mediante prácticas de tipo mágico. Este hecho, que explica la frecuente creencia en la superstición por parte del obsesivo, hace que haga depender su malestar o bienestar futuro de una serie de datos exteriores o de signos de buena o mala suerte.

Otro de los resultados de dicha regresión del yo es la omnipotencia de los pensamientos propio del niño y del hombre primitivo. Así, en el obsesivo los pensamientos representan actos; por lo tanto, pensar, para él, es lo mismo que hacer. Este es el motivo por el cual el enfermo obsesivo sufre intensos reproches por parte del superyo con sus consecuentes actos expiatorios que no están motivados por una conducta real del sujeto.

Este tipo de regresión ocurre solamente en un región del yo, el resto del yo, como se ha visto, se conduce de un modo completamente opuesto, ya que intenta afirmarse en la lógica y la precisión, rechazando, por ende toda superstición.

Como la función sintética del yo “necesita llegar a un acuerdo”, para sobreponerse al yo ilógico, la parte lógica del yo recurre a distintos mecanismos. Al aislamiento, separando lo racional de lo afectivo y a la intelectualización. Pero este proceso no resiste, ya que el retorno de lo reprimido logra imponerse y las manifestaciones afectivas rechazadas se introducen en la vida intelectual y sexualizan el pensamiento. Ahora el pensar será el campo de batalla de la lucha entre los instintos y los mandatos o prohibiciones del superyo.

De este modo llegamos a las dudas, síntoma típico del obsesivo que, si bien contiene las cavilaciones relacionadas a la batalla que antes vimos son, en última instancia, una manifestación de la ambivalencia, la bisexualidad y los conflictos morales de un sujeto que oscila entre la actividad o la pasividad, la masculinidad o la feminidad, amar u odiar, satisfacer el instinto o las exigencias del superyo.

-El Superyo:

Freud, en “Inhibición, Síntoma y Angustia” (1924) señala tres características de esta instancia en el obsesivo. a) Que el superyo ha alcanzado un intenso desarrollo. b) Que merced de existir una interiorización los conflictos que el sujeto podía tener con los representantes exteriores del superyo, pasan a manifestarse internamente (el sujeto, por ejemplo, frente a un deseo de satisfacción sexual en lugar de temer a los padres, como en la infancia, temerá ante todo al superyo. En ese sentido el temor obsesivo no se dirige predominantemente al mundo exterior, sino que generalmente es él el que tiene miedo de dañar a los demás por la percepción de su propio sadismo que lo hace sentirse culpable por los continuos reproches del superyo). c) Que es un superyo dotado de gran agresividad debido a la regresión y separación de los instintos libidinales y destructivos.

El superyo observa minuciosamente los impulsos del sujeto, y allí sustenta los reproches que luego le hará. El motivo hacia el cual el reproche está dirigido, la satisfacción libidinosa, suele permanecer inconciente por obra misma de los mecanismos de defensa. Se manifiesta entonces como una necesidad de castigo señalando en el sujeto intensos sentimientos de culpa que lo someten a un continuo sufrimiento. Este sometimiento está dirigido a evitar el temor infantil a la castración, motivo por el cual el obsesivo reprime sus deseos genitales y procede a la regresión de la organización libidinosa.

La regresión del yo a la etapa anal, y el sadomasoquismo consecuente, vuelve al superyo más severo en sus pretensiones e intensifica el masoquismo del yo. La inhibición para realizar agresiones directas y precisas contra el exterior, aumenta más aun el sometimiento del yo al superyo quien, paradójicamente, refuerza su agresividad.

El yo intentará entonces librarse de su sometimiento y para este fin, frecuentemente efectúa actos no bien tolerados por el superyo lo que finalmente le genera nuevos remordimientos y penalidades que toman la forma de sentimientos de culpa y búsqueda de castigo. Otra intento de liberarse es provocarse un castigo antes de realizar la acción anhelada; o recurre a fórmulas obsesivas que, en su carácter de un procedimiento mágico, lo libren del temor, y por lo tanto del superyo, si son pronunciadas en momentos en que el enfermo teme a las malas consecuencias de sus actos.

Hay mas recursos todavía y ellos son los mismos mecanismos de defensa del yo que actúan, o bien intentando vencer las manifestaciones de los instintos, o bien las del superyo.

Todo ello hace que el enfermo obsesivo viva como un sujeto que cree haber cometido un delito o una mala acción y que, con la esperanza de liberarse de su “culpa” y de los remordimientos que ella aparejados, busca la expiación por medio del sufrimiento. Pero debe quedar claro que el yo del obsesivo no busca el castigo del superyo, lo que pretende es su perdón.




































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